Después del sufrimiento, el renacer
Beatriz Sarlo
29 de marzo de 2020
Si vemos lo que pasó en los países que protagonizaron la Segunda Guerra Mundial, encontraremos la capacidad de resiliencia. Por supuesto que había también millones de dólares estadounidenses invertidos en Europa, cosa que es lo que la Argentina necesitaría. Pero el sufrimiento fue terrible para esas naciones y, sin embargo, pudieron recomponerse. Y Japón salió de Hiroshima, por supuesto que también con inversiones que llegaron de Estados Unidos después de haber tirado la bomba. Los pueblos no se suicidan en masa. Los intelectuales son los que tienden a hacerlo verbalmente.
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La fiebre amarilla no dejó ningún pensamiento filosófico. Lo principal de la obra de Sarmiento y de Alberdi ya estaba escrito. A lo mejor, sí, pero no lo sé. ¿Qué sé yo qué va a surgir? Del sistema de Alemania dividida en principados, ¿salía Hegel? Lo importante es sobrevivir y no entregarse a la ansiedad que produce el confinamiento
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La pandemia no me remite exactamente al Terrorismo de Estado, pero yo viví otra experiencia en la que el azar y la muerte estaban entretejidos. Los que pasamos por la dictadura vivimos una situación que no tiene que ver con la enfermedad física y la propagación del virus, pero sí con un sufrimiento muy inmenso
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A las redes sociales no las veo ni con virus ni sin virus, ni con bacterias ni sin bacterias. Tengo demasiado que leer.
La tontería de que seremos mejores
David Rieff
16 de agosto de 2020
¿Qué clase de loco cree en la tontería de que el coronavirus nos hará mejores? Un profesor británico, Terry Eagleton, escribió el libro “Esperanza sin optimismo” donde sitúa a la esperanza en una categoría metafísica que no podemos negar. Pero el optimismo necesita una base empírica que yo no veo en el mundo: no encuentro esas justificaciones.
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Cuando pienso a la Argentina proyecto que después de la pandemia van a tener el 60% de pobres en vez del 38% que había antes, y que la desigualdad crecerá. ¿Por qué me piden ser optimista? ¿Sobre qué base? Esta pandemia va a arruinar el sur global. La prosperidad ya se fue. Hay milagros, pero no creo en ellos. He escrito entre 10 y 11 libros y hay un hilo conductor: el antiutopismo. Tengo un libro sobre Miami y la tragicomedia cubana; otro sobre la acción alimentaria, etcétera, y podría pensarse que no hay conexiones entre ellos, pero he pasado 40 años poniendo en cuestión las utopías. No veo por qué, salvo que hubieran querido que las cosas sean distintas o mejores, los intelectuales de izquierda pregonan el nuevo mundo: simplemente lo prefieren.
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Twitter es un contexto que da preferencia a las opiniones más extremas, vulgares y estúpidas (...) Pienso que es el momento de rechazar la vulgarización de la opinión. Twitter potencia a los fanáticos y a los que tienen una visión binaria hasta un punto extraordinario.
La televisión rara vez pone un poema
Ida Vitale
5 de julio de 2020
Yo sospecho que esta experiencia va a traer cola y que la vida no va a ser igual. El encerrarse puede sugerir cosas buenas: no todo es ventilarse por el mundo. Yo estoy muy sola y vivo siempre así, por eso para mí no hay mucha diferencia entre estar con virus o sin virus. Siento que la gente está pensando más allá de lo cotidiano, no sé, y que todo depende de cómo lo tomamos.
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“Todas esas cosas cuentan. Me preocupa porque es más difícil que las nuevas generaciones salgan a buscar. La televisión rara vez pone un poema” (sobre la reducción del número de librerías y el hecho de que no hay tantas revistas dedicadas a la cultura).
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La poesía es inseparable de las ganas de releerla. Si hay una oferta grande, eso no significa que una va a recibir por igual todo. Va a tener ganas de leer aquello que leyó, pero es difícil encontrarlo si no es por una publicación. Para mí no hay nada como un libro: nada puede sustituirlo. El libro y el disco son cosas básicas. Son cosas que me llenan la vida y extraño que otros no las disfruten.
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Quizá lo que nos pasa ahora es una forma de la haraganería colectiva, pero la gente se sigue equivocando. En el pasado los políticos eran muy desinteresados y se sentían llamados a mejorar el mundo en el que vivían.
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Ya había sido una gloria vivir en el mismo tiempo que él (sobre su único contacto con Jorge Luis Borges).
La olla a presión de América Latina
Jon Lee Anderson
7 de junio de 2020
Tenemos pegas, atenuantes, frenos, pero sea como sea, los periodistas logramos reportear. Y nuestro oficio siempre ha sido mal pagado y vilipendiado, y en esta época más que nunca. Por primera vez en mi vida, inclusive en las democracias tenemos líderes que cuestionan y condenan la libertad de prensa todos los días. Si hasta hace cinco años yo me hubiese compadecido de mis compañeros que trabajan en países dictatoriales, donde los matan, los meten en prisión y los censuran, ahora me ocurre que la amenaza a la libre expresión está también en los Estados Unidos (...). Como gremio somos más importantes que nunca. El periodismo realmente es la cuarta espada y la gran herramienta de la libertad: si no lo fuera, los autócratas no estarían agrediéndolo. Entonces, hay que seguir adelante. Es un reto, pero también una obligación si queremos la democracia en nuestras vidas. Hay que luchar por ello...
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Tras una crisis siempre viene una secuela. Para toda América Latina el impacto económico va a ser terrible. Desde ya hay que recordar que era la zona en el mundo con el peor desempeño en cuanto a crecimiento y desarrollo. Y el año pasado (2019) tuvo muchos estallidos sociales. Eso quedó sin resolverse en la mayoría de los países: la pandemia lo ha congelado y ahora mismo lo está sancochando. Pero cuando termine la propagación del virus, si es que termina porque no se sabe qué va a pasar, lo que habrá es un destape de esa olla de presión.
Siempre el ejemplo de Mandela
John Carlin
26 de abril de 2020
En la vida preconfinamiento uno tiene la tendencia a mirarse en el espejo de los otros: ahora los otros no están ahí como espejo, estoy yo solo. En cierto modo, uno se vuelve más auténtico. Sospecho que aquí hay tema y material, y que se pueden cosechar cosas buenas de esta experiencia. No tengo tiempo para la introspección porque leo y escribo a todas horas, pero, sin darme cuenta, siento que algo interesante está pasando en mi interior y que ese algo es hasta valioso.
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Soy consciente de que el ejemplo de Nelson Mandela es el que hay que seguir. Te estoy hablando de Mandela como político, pero también se desarrolló como persona. Para mí, la clave del éxito de Mandela no fueron solo su astucia y carisma enormes, sino que esto parte de su integridad. Era una persona consecuente en su comportamiento privado con su mensaje público: básicamente él hablaba de respeto. Es el punto de partida de todo: si hay respeto, no puede haber apartheid; si hay respeto, tiene que haber democracia y voto universal... Lejos de las cámaras de televisión y de los escenarios, él se comportaba siempre con el mismo principio y la misma actitud respetuosa independientemente del poder de sus interlocutores. Yo intento aspirar, y con seguridad fracaso, a algo parecido a esa integridad que tenía Mandela.
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Vendo palabras para ganarme la vida. Las vendo en varias formas y sobre una variedad vergonzosamente amplia de temas.
El país que no deja de dar vueltas
Hilda Sabato
22 de noviembre de 2020
El desafío es cómo flotar en el pasado desde el presente sin que este sea un ancla que te imponga la respuesta.
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Al principio de la pandemia la incertidumbre se hizo carne. Si bien vivimos siempre con un grado de incertidumbre, y hay ciertos acontecimientos que nos cachetean y nos hacen ver que no está nada escrito, o que no sabemos lo que está escrito, esta sensación debe ser equiparable a lo que sucedió en momentos de grandes cataclismos y de revoluciones políticas. Pensaba hasta qué punto lo que nos pasa a nosotros es grave o es parte de la historia de la humanidad desde tiempo inmemorial. Yo siento que la vida, para quienes pertenecemos a cierta capa social educada y que tiene un empleo, es bastante más previsible que la que tuvieron nuestros antepasados. La inseguridad de hoy nos hace pensar hasta qué punto la incertidumbre ha sido parte de la experiencia de casi todos los que nos precedieron.
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Uno de los problemas serios y estructurales que tenemos es que así como estamos el país no es viable. Transformar esto requiere proyectos y la posibilidad de plantear cosas cuyos resultados no se verán de un día para el otro. La Argentina tiene que cambiar porque está hace rato en noria dando vueltas, vueltas y más vueltas se llame Mauricio Macri, Néstor Kirchner, Cristina Fernández o Alberto Fernández.
La historia brinda una oportunidad
Luis Alberto Romero
3 de mayo de 2020
Una cosa es pensar como historiador: hubo otras pestes que se superaron y muchas veces no dejaron ninguna huella. La gripe española de 1918 fue más mortífera que la actual y no hay temas de la historia asociados con ella, que, por otro lado, también tuvo carácter internacional. No necesariamente dejan marcas. Pero la experiencia de las cosas cambia cuando le tocan a uno. No es seguro que la covid-19 vaya a producir grandes transformaciones. Lo que está claro es que la gente que vive uno de estos episodios tiende a creer fervorosamente que el mundo será mejor después; que todos vamos a ser solidarios y responsables, etcétera. Otros creen que el mundo va a ser peor y que se irá al tacho… Eso también forma parte de la historia: la expectativa que abre el acontecimiento, que nos hace pensar de repente que la historia es transparente, y no sólo la que se estudia, sino también la que uno experimenta, y que aparece la ocasión de introducir un cambio, de acelerar o sacar a flote algo. Es entonces cuando la gente se pone a pensar qué cosas le gustaría y qué puede hacer para que sucedan: esto se llama oportunidad. Obviamente no todas esas cosas se van a concretar, tal vez ninguna de manera plena, pero estamos en una situación parecida a las vísperas. Creemos que podemos hacer algo: es bastante raro porque la gente suele vivir sus circunstancias como dadas e inevitables, y de pronto, se abren otras oportunidades. Es la magia del acontecimiento.
La Argentina inventada para Borges
Jay Parini
11 de octubre de 2020
Borges fue el primer escritor importante y realizado que conocí. Su posesión del oficio y conocimiento amplísimo me afectó de un modo profundo. De alguna manera me dio coraje y me siento en deuda con él. Él es un autor genial: yo no lo soy. Me defino como un buen lector que puede escribir de una manera digna.
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La mayor parte de la gente tiene una versión idealizada de Borges o, más bien, idealiza a quienes escriben y publican libros. Borges fue tan humano como cualquiera de nosotros. Iba al baño, sí; era juguetón y hasta excéntrico, como surge de esa escena en la que lame un libro. Él tenía muy pocas pertenencias y casi viajaba sin equipaje.
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Siento que la Argentina fue inventada para permitir la existencia de Borges. Para mí la Argentina es Borges.
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Lo cierto es que ni siquiera había oído hablar de él. Luego de que se marchó de Escocia, me senté a leer “Ficciones” (1944), libro que me pareció maravilloso y sobrecogedor. Después de eso nunca más dejé a Borges. Leí sus versos y prosas una y otra vez en una especie de círculo que lleva ya medio siglo, y que no puedo dejar porque siempre me deleita, sorprende y, por supuesto, desafía.
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Él tomaba porciones de la realidad y las ponía a jugar con los frutos de la imaginación.
Reforma Judicial: no es el momento
Néstor Pedro Sagüés
27 de septiembre de 2020
Hay ahora muchos sectores de la sociedad que de modo manifiesto repudian la corrupción y que exigen sancionarla. Sin embargo, también son abundantes ciertos grupos que la ven como algo natural e inevitable de la vida política, y que, incluso de ser posible, les gustaría participar de ella.
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Las realidades pueden ser muy distintas según las provincias y el sector nacional al que hagamos referencia. Hay miles de jueces, fiscales, defensores oficiales y funcionarios probos, diligentes y responsables. Respecto de ellos, es gravemente injusto enlodarlos grupalmente, como si todos, sin distinción, fueran parte de una tribu indeseable. De todos modos, las críticas sociales son útiles para que la judicatura y el Ministerio Público realicen un examen de conciencia sobre su comportamiento y actual responsabilidad ante la comunidad argentina.
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Esta pandemia ha puesto a prueba la capacidad de la Constitución para absorber el “derecho de necesidad”, que es un derecho agresivo, provocador, y poco cuidadoso de las formas y del principio de división de los poderes.
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Estamos en el peor momento para programar una reforma judicial (...), que requiere tiempo y serenidad para evaluarla. En cambio, atravesamos una situación de crispación política, angustia económica y crisis sanitaria impresionantes.
Información, otra víctima de la covid
Delia Ferreira Rubio
20 de septiembre de 2020
Hacen falta el periodismo de investigación y las ONG. La información sin duda fue una de las víctimas de la pandemia. En algunos países, el organismo encargado de proveer los datos puso el cartel “en cuarentena” y cerró las puertas. En otros lugares directamente niegan la información y ha ocurrido que los comités de emergencia llamados COE son más importantes que las autoridades electas. Hay lugares donde es imposible saber si te dicen la verdad en cuanto a las cifras de contagios y muertos.
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Todo lo que se está haciendo en la Argentina está dirigido a la impunidad. Es tan evidente que resulta casi una tomadura de pelo. Y la impunidad es un factor que incentiva la corrupción porque, si no vas a tener consecuencias por lo que hacés, el mensaje resulta nefasto (...). Se creyó que, por la pandemia, iba a haber menos atención hacia la corrupción, pero eso no ha ocurrido. En la Argentina, la corrupción aparece entre las tres principales preocupaciones de la ciudadanía.
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A nuestros políticos, tarde o temprano, les rinde la grieta. Hay un estilo de política y un estilo de ciudadanía poco atenta a cuestiones institucionales. En esto nos va la libertad de todos. Lo que se está protegiendo es tu calidad de vida, tu seguridad, tu tranquilidad, tu futuro y la certidumbre de poder planificarlo. ¿Quién puede hacer un plan en la Argentina de hoy?